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Como lo define Forman y Godron (1986), un paisaje es “un área de tierra
heterogénea compuesta por un grupo de ecosistemas que se repiten a todo lo largo
y ancho en formas similares.” Los ecosistemas que componen un cierto paisaje,
pueden variar en su estructura, función y composición de especies. Cuando se
están evaluando, protegiendo y diseñando paisajes saludables para su buen
funcionamiento es importante ver tanto el sistema completo como las partes que
comprende, tanto en sus estructuras como en sus funciones.
La vegetación provee numerosas funciones ecológicas, incluyendo la captura,
la producción, el reciclaje, el almacenamiento y la elaboración de la energía y
los materiales. Para entender un paisaje, es útil analizar con frecuencia sus
partes para poder obtener un mayor entendimiento de cómo se relacionan entre sí,
y como funciona el paisaje como un todo. Los elementos más comúnmente descritos
en el paisaje son: la matriz (el todo), los corredores, las orillas y las
parcelas (partes) que hay dentro de él. Juntos proveen y determinan las
funciones del paisaje que comprenden un ecosistema que funciona efectivamente
(Figura 2.5.1).
La matriz de un paisaje es el tejido que conecta la tierra con el fondo,
dentro del cual encajan todos los elementos del paisaje, incluyendo parcelas,
orillas, y corredores. La matriz es la porción del paisaje más conectada,
compuesta del tipo de vegetación más contigua y predominante.
Debido a sus funciones de conexión, se piensa que la matriz tiene una
influencia muy fuerte en el fluir del paisaje, incluyendo los movimientos de
energía, materiales y organismos. Cuando la matriz está intacta, los materiales
ecológicos y los procesos fluyen sin impedimentos, pero si la matriz está
extensivamente fragmentada a través de cortes para hacer caminos, edificios,
haciendas y otras construcciones, la integridad del ecosistema puede ser
severamente afectada. Un paisaje fragmentado es como un cuerpo sin
esqueleto.
El diseño óptimo de un sitio trata de mantener la integridad de la matriz del
paisaje para poder sostener la salud del ecosistema entero. Para tener éxito, es
necesario identificar los límites naturales determinados por las comunidades de
plantas para averiguar hasta donde se pueden llevar los esfuerzos para el manejo
de la tierra. Por ejemplo, puede haber una abundancia de cierto tipo de
vegetación en una aldea, dando la apariencia a los residentes que esta planta es
común, cuando en realidad es la única de esa especie por cientos de kilómetros a
la redonda. Si esta vegetación es considerada en una escala pequeña, sólo dentro
de los límites de la comunidad, parecerá ser abundante y hasta desechable,
provocando que las urbanizaciones la reemplacen. Si se mira desde una
perspectiva más amplia del paisaje, esa misma área de vegetación será vista como
una parcela poco cumún y extremadamente frágil en un área mayor (la matriz) que
está practicamente privada de ella. Entonces, un conocimiento de la matriz, o su
estructura conectiva, para cualquier área, depende en gran medida de la escala
de referencia, siendo esencial para la protección correcta del paisaje.
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Quiere decir que las decisiones del manejo de la tierra deben hacerse
basándose en la escala mayor del ecosistema, siempre y cuando sea posible. Las
decisiones del paisaje basadas en la escala del ecosistema incorporan a todos
los componentes que interactúan en un sistema ecológico, sin importar los
límites creados por el hombre, tales como las líneas de propiedad y las
jurisdicciones. Por ejemplo, el manejo de las cuencas hidrográficas, que a
menudo incluyen tierras dentro de varias jurisdicciones diferentes, se debe
enfocar como una perspectiva regional para poder tener éxito en su uso y
conservación. De la misma manera, el manejo de los ríos requiere considerar un
corredor ribereño entero desde su nacimiento hasta el cuerpo receptor del agua.
La planificación exitosa a la escala del ecosistema requiere la cooperación de
gobiernos, organizaciones e individuos que tienen la responsabilidad de la
mayordomía de la tierra dentro de ese ecosistema.
Las parcelas son áreas de tierra relativamente homogéneas internamente con
respecto a la estructura y a la edad vegetativa. Las parcelas son diferentes a
la matriz que las rodea. Algunos ejemplos de parcelas son los claros de los
paisajes forestados, las tierras pantanosas, las engramadas y los lugares
rocosos. En un paisaje más complejo, donde aparentemente no existe una matriz
que conecte, los lugares más forestados se pueden considerar como parcelas
individuales, separadas generalmente por las barreras constituidas por áreas
urbanizadas.
Las parcelas son lo suficientemente grandes para ser sistemas que se auto
sostienen y que contienen amplias fuentes para atraer y sostener la vida
silvestre. El tamaño será diferente basándose en las especies y pueden
extenderse desde unos cientos de metros cuadrados donde se mantienen ciertas
especies de tortugas hasta cientos de kilómetros cuadrados como hábitat de aves
de rapiña. Sin embargo, a medida que se achicam las parcelas por las
construcciones y las oportunidades de entrada y solida a la vida silvestre son
eliminadas, dichas parcelas se pueden volver no viables, perdiendo gradualmente
su habilidad para sostener la vida. Para el diseño de sitios se debe tener
cuidado de no aislar las parcelas de los recursos adyacentes, creando un “efecto
de isla”; más bien, las parcelas necesitan mantenerse lo suficientemente grandes
para que mantegan sus funciones ecológicas naturales.
Las orillas son fronteras comunes entre los elementos de diferente
composición y la estructura de un paisaje. Las orillas de los paisajes pueden
actuar como límites entre parcelas distintas o como hábitats importantes en si
mismos Una orilla puede actuar como un límite para resistir invasores (químicos
o biológicos). Las construcciones extensas que fragmentan la matriz crean una
gran cantidad de hábitats de orilla, que pueden tener este efecto sobre ciertas
especies, aislándolas de su hábitat mayor y de su población.
Por otro lado, estos mismos límites pueden también ser lugares muy ricos para
localizar organismos, y a menudo existe una mayor abundancia y diversidad de
especies y fuentes dentro de los hábitats de orilla, un fenómeno conocido como
el “efecto de orilla.” Los ecólogos reconocen que la orilla representa un tercer
sistema, más complejo, que combina elementos de dos o más sistemas adyacentes.
En esta frontera común, pueden coexistir especies de ambos sistemas.
Además, algunas especies se han adaptado específicamente a las
características únicas encontradas sólo dentro de la orilla. Las funciones de
los elementos del paisaje se muestran en la Tabla 2.5.1.
Con tal de que la orilla provea oportunidades para la difusión y traslación a
través de ella, habrá un incremento en la riqueza e interacción de las especies.
A veces, el movimiento de las especies y la energía dentro de la orilla es
longitudinal, tal es a lo largo de setos vivos en las orillas de los campos,
dunas costeras o tierras pantanosas. Debido a que todos los límites tienen
profundidades de alguna manera definidas, una “zona protegida” a menudo está
definida en la orilla de las tierras pantanosas, los campos y otros tipos
importantes de hábitat para proveer mayor claridad y protección a la orilla. Las
zonas protegidas pueden también ser usadas a lo largo de las orillas hechas por
el hombre. La orilla puede ser mejor conservada cuando se crean zonas protegidas
y se restringen los usos de la tierra dentro de ella.
Debido a su abundante productividad biológica, las orillas benefician tanto a
los humanos como a la vida silvestre. El crear y proteger hábitat de orillas
puede ser una estrategia beneficiosa de manejo de tierra y las orillas deben ser
creadas cuando sea posible en el paisaje, con tal de que su predominio no
destruya la integridad y diversidad de las parcelas y matrices adyacentes. Al
crear áreas abiertas para cercas y veredas y al manejar vegetación en diferentes
etapas de crecimiento, el hábitat de la orilla puede aún ser mantenido. Sin
embargo, bajo evalquier circunstancia, deben existir cantidades amplias de áreas
contiguas forestadas de manera permanente. El tamaño de estas áreas forestadas
afecta directamente el éxito de las especies que viven allí y se debe tener
cuidado de proteger la vida silvestre en su región identificando y preservando
los requisitos de su hábitat.
Los corredores son elementos del paisaje que conectan parcelas similares a
través de matrices disimilares o agregados de parcelas. Un buen ejemplo de un
corredor es una zona de un bosque aluvional maduro que conecta las parcelas de
un bosque establecido dentro de un sitio. Los corredores son generalmente
longitudinales y las áreas o parcelas conectadas por ellos son frecuentemente
llamadas nodos. Los corredores, en las urbanizaciones y los paisajes,
generalmente facilitan el flujo de diferentes materiales y organismos de un
lugar a otro. La efectividad de la función conectora un corredor frecuentemente
depende de cuan ancho sea, cuanta orilla existe y de si hay o no disturbios o
quiebres a lo largo del mismo.
Ejemplos de corredores hechos por el hombre son los derechos de vía de líneas
férreas, líneas de carga, carreteras y otros derechos de vía. Los corredores
vegetativos incluyen las riberas de los ríos, setos vivos y líneas de árboles.
Los encargados deben tratar de mejorar la conectividad a través del
establecimiento de corredores de vegetación.
Veamos ahora, algunos de los beneficios de la vegetación.
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