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Hay un viejo adagio que dice “Si fallaste al planificar,
planificaste para fallar.” Aunque ese pensamiento suene
severo, es el centro del concepto de planificación del
terreno. Una manera más positiva de decirlo podría ser:
“Antes de construir, planifica.” Casi siempre es más difícil
corregir una urbanización para incluir características
deseables, que haber diseñado el sitio para incluir esas
características en primer lugar, aun cuando su inclusión
al final sea menos que segura. Si hay cualquier posibilidad
que sea importantes después, preparar el sitio para hacer
posibles sus inclusiones es la esencia de la buena planificación. Por ejemplo, es más difícil y caro crear un
espacio libre a lo largo del frente de un lago ya construido,
que el haber preservado esa tierra como espacio libre en
los planes iniciales del sitio. Igualmente es más fácil hacer
provisiones para conexiones de cloacas sanitarias al
principio, que el haber diseñado un sitio sin ellas y luego
más tarde tratar de instalarlas.
La idea fundamental en la planificación del terreno es
la de la integración (Figura 3.0.1). Considere toda la
infraestructura, los espacios libres, las áreas públicas y los
esquemas de acceso antes de diseñar el plan del sitio o de
empezar la construcción dentro de una trama coherente
para el diseño completo del sitio. Esto es particularmente
importante a la luz de la historia de los desastres naturales
que pueden afectar muchos sitios en la región, incluyendo
aquellos donde se están reconstruyendo comunidades que
fueron devastadas. Una lección clave de los estudios de
reconstrucciones de post desastres a través del mundo ha
sido que, en la carrera por reemplazar la vivienda y otras
estructuras que existieron antes del desastre, los líderes
comunitarios y los diseñadores a menudo rechazaron
numerosas oportunidades para hacer mejoras que la
experiencia más tarde nos muestra haría esas comunidades
más seguras y más sostenibles frente a desastres futuros.
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